Algún tiempo atrás estuve comentando como las cosas que en Chile me convertían en un problema para mis empleadores resultaban ser grandes ventajas a mi favor en los Estados Unidos. Mañana se cumplen 6 años desde que me vine a vivir a este país y en estos 6 años he aprendido valiosas lecciones en los distintos trabajos que he tenido.
Las cosas que adoro del ambiente laboral de los Estados Unidos son mayormente que las empresas y los negocios tratan por todos los medios de mantener una política de protección en contra del abuso. No significa que aquí no se abuse de los empleados, pero si alguien llega a ser pillado en una actitud reñida con la ética y las buenas costumbres lo más probable es que llegue a encontrarse con una demanda encima del escritorio. Nadie quiere eso, porque significa plata en abogados, la Corte, tiempo gastado y todo eso es mejor evitarlo. Se ahorran más dinero evitando este tipo de cosas.
En los Estados Unidos aún se pueden ver casos de mujeres siendo discriminadas y no estoy hablando de obreras o trabajadoras de clase económica media. Estoy hablando de ejecutivas Top, egresadas de Harvard y muchas veces trabajando para las algunas de las corporaciones mas grandes del mundo.
Aún nos queda mucho camino por recorrer, para llegar a un nivel de verdadera igualdad de derechos con los hombres en el campo laboral, pero tengo que admitir que las cosas son mucho mejores que lo que eran 20 años atrás. Y ciertamente son mucho mejores que lo que me tocó vivir en Chile.
Hace algunos meses fui entrevistada por una estudiante de la Escuela de Negocios para hablar sobre los gerentes chilenos, y se mostró muy sorprendida de mi pobre opinión en cuanto al típico jefe. La verdad de las cosas es que nunca tuve un jefe en Chile que sintiera que podía admirar o del cuál sintiera podía aprender algo. Casi todos eran incurables ego maníacos. Pero creo que eso es solo la punta del iceberg. Chile necesita mas que buenos jefes, necesita un cambio de mentalidad en cuanto a al área laboral. Invertir en HR, no solo con fuerza laboral, pero en capacitar esa fuerza para crear un ambiente de respeto y COLABORACION.
Fuera de eso, hay algo que realmente me preocupa y es el rol de las mujeres en el campo laboral. Han sido años de lucha y años de ser miradas en menos. Somos las “mamis” de las oficinas y se espera que seamos maternales y tiernas. Rara vez se nos considera material de liderazgo. Creo sin embargo hay harto de responsabilidad en nuestras actitudes por las cuales terminamos siempre como segunda opción. No hemos sido criadas para pelear en este tipo de campo de batalla donde las reglas han sido creadas y aprendidas por los hombres.
Esto da para un libro en realidad, y de hecho los hay. Hace años atrás leí uno que realmente me despertó en cuanto a los errores que yo misma cometía para ponerme en desventaja contra el sexo opuesto. No sé si habrá una traducción al español de “Nice Girls Don´t Get The Corner Office”, pero en ese libro la Dra. Frankel explica lo que acabo de decir en 101 actitudes que llevan a las mujeres a sabotear sus carreras. Ella también coincide que a nosotras no se nos ha educado para lidiar en este campo de batalla.
Por ejemplo, uno de los errores más comunes que incluso yo reconozco haber cometido es la actitud de pedir permiso.
Pregunta número 1 para las mujeres: ¿Cuántas veces han pedido permiso en la oficina para ir al médico o para hacer algún trámite necesario? Se nos enseña en el transcurso de nuestras vidas a pedir permiso para hacer cualquier cosa. Tener nuestro tiempo para ocuparnos de nuestras vidas no es un privilegio, es un derecho y créanme, los empleadores esperan que hagamos uso de ese derecho. Dudo que haya un empleador que piense que sus trabajadores jamás van a necesitar tiempo para ir al médico, y en este ejemplo particular, no hay pero que valga. La salud no es algo que le puedan negar. Negociar quizás, si es que hay una emergencia que solo ese trabajador pueda resolver, pero siempre y cuando no implique que el trabajador descuide su obligación de atender la cita con el médico como corresponde.
Pregunta número dos: ¿Cuantas veces han visto a un hombre pedir permiso? Ellos avisan no piden permiso. No se espera que se comporten como niñas pequeñas como se espera de nosotras.
Hace unos días estaba conversando con una de mis amigas. Ella comenzó a trabajar con una corporación norteamericana y está muy feliz porque está viviendo la cultura corporativa que esta compañía tiene en EEUU. Por primera vez en su vida mi amiga tuvo que ir a una capacitación sobre acoso sexual. En los trabajos previos que ella tuvo ni siquiera había escuchado hablar de este tema. Me contaba que en una de las ultimas compañías para las que trabajó, en el área de salud, tenían un gimnasio con piscina para los empleados. Era genial ir y usarla durante la hora de almuerzo pero al poco tiempo la cerraron. Al parecer el problema fue que las enfermeras iban a usar la piscina durante esa hora y el resto de los empleados simplemente dejaron de almorzar para poder ir a verlas. Triste.
Ahora mi amiga se encuentra contenta con su trabajo actual y disfruta de esta nueva cultura corporativa (no tan nueva por estos lados). Sin embargo me contaba hace unos días que estaba tremendamente irritada. No con sus compañeros hombres pero con una de sus compañeras mujeres.
He aquí un perfecto ejemplo de una mujer saboteando su carrera.
Llamémosla Juanita.
Juanita es bonita y definitivamente llama la atención por su apariencia. Esto lleva a que por supuesto más de algún compañero en la oficina se haga el lindo con ella. Nada de malo con eso, pero hay ciertos límites que una mujer debe tener cuidado de no cruzar.
Primero que todo el ser bonita no significa que tengas permiso de ser florero. El hablar sin parar y hablar por hablar simplemente te dará la etiqueta de tarro con piedras. Una hueca en buen chileno. Sobre todo en un país donde es tan fácil ser categorizada sin perdón. Muéstrate a todas horas como una profesional y no como la pinturita de la oficina.
La pregunta es muy fácil, ¿Quién se lleva el ascenso? El tipo que es percibido como centrado y ubicado, o la mina buena pa’ la talla.
Segundo, toda mujer sabe cuando la están… ehemmm… como dirían mis amigos en Chile, “joteando”. Esa excusa de que los tipos están solo tratando de ser buena onda y son cariñosos y que no hay nada de malo en que te den un abrazo de la nada, es mentira y una completa burrada. No nos hagamos las ingenuas. Los hombres en promedio piensan en sexo por lo menos una vez al día aunque yo he escuchado hombres contar que piensan en sexo por lo menos cada 30 segundos. Que alguien que no es tu amigo te agarre a abrazos por que sí nada más, créeme, no es apropiado, y es probable que no lo este haciendo de pura buena onda. De hecho en los EEUU te pueden demandar por contacto físico inapropiado.
El hablar a garabato limpio en la oficina para que todo el mundo te escuche, te hace ver vulgar y te denigra como mujer. No te pone al nivel de tus compañeros hombres. Ahora tan solo haz logrado que esos compañeros te falten el respeto tratándote a punta de vulgaridades porque les haz dado la pauta para hacerlo.
Por último, cuando trataba de mitigar la molestia de mi amiga con su colega, traté de hacerle ver como hablar con esta persona, imitando una conversación imaginaria con Juanita y por cada frase que yo decía mi amiga agregaba: Y te ríes como imbécil.
Creo que voy a tener que escribir un post acerca de como lidiar con compañeros de trabajo que te vuelven mono.
Hay muchos consejos que me han servido montones en esto años fuera de Chile, y aunque vale aclarar que no soy una experta ni nada cerca de una guru en esta materia, me gustaría compartirlos con otras mujeres que están tratando de abrirse camino.
Seguiré escribiendo al respecto, pero me gustaría saber sus opiniones en cuanto a estos puntos en particular.