Querido Profesor,

Dado que ya no tengo su correo electrónico y, conociendome como me conozco, sé que no voy a escribir una carta a mano, he decidido acudir a la siempre generosa internet, a ver si un día, en uno de esos arranques de egocentrismo del que todos sufrimos usted decide poner su nombre en Google.

Mi mami me contó que lo vió cuando ella salía del colegio. La pobre iba un poco ofuscada, porque es difícil entrar a ese colegio donde nadie jamás movió un dedo para ayudar a sus hijas, y encontrar que después de tantos años las cosas siguen sin mayores cambios.

Quizás por esa razón no atinó a parar por un poco mas de tiempo y preguntarle todas las cosas que ella sabe me gustaría saber. Me dijo que usted mandó saludos. Gracias.

:)

Quiero contarle un poco de mí. Han pasado tantos años que ni siquiera me atrevo a contarlos.

La vida en Santiago no era así de fácil para mí. Más bien andaba perdida por esa ciudad que conozco como la palma de mi mano. Eso de andar por la vida de Santiago sin pituto es como tirarse de un avión sin paracaídas. Por lo menos así se sentía.

Un día desperté y decidí que la ciudad se me había hecho demasiado chica y sofocante. Fui a sacar mi pasaporte y fui a ver que habia afuera de la nube de smog. Antes de siquiera darme cuenta me encontré con ese amor que tan esquivo me había sido hasta entonces. Y sin mayor aviso me encontre en otro país, viviendo la vida de los patiperros y hablando otro idioma.

La vida en los Estados Unidos ha sido buena conmigo. No se engañe, que me he llorado una buena cuota de lagrimones. Ser una emigrante no es fácil, y se sufre montones viviendo lejos de la familia y los amigos. Pero dentro de todo he tenido la suerte de encontrar los caminos que me han llevado a donde quería llegar. Después de el shock inicial y después de aprender valiosas lecciones en cuanto a esta nueva cultura en la cual me tenía que desenvolver, tomé el toro por las astas y partí hacia el Viejo Oeste. Fueron 5 días viajando con mi esposo y mis dos gatos, pero valió la pena.

Aquí he encontrado lo más cercano a un hogar lejos del hogar. He conocido gente fabulosa y he trabajado haciendo cosas que me hacen feliz.

Mi actual trabajo me permite servir y al mismo tiempo crear. Este trabajo tambien me está dando la oportunidad de realizar mi sueño de poder ir a la Universidad.

Aún no tenemos hijos, pero quien sabe, quizas la cigüeña nos mande algo el año que viene. ¿O son los repollos donde tenemos que ir a buscar?

Después de contarle todas estas cosas hay algo más que quería decirle.

Gracias.

Gracias profesor, porque cuando nadie daba un peso por mí usted me dió un apoyo incondicional. Gracias por ser mi amigo cuando en medio de mi adolescencia me sentía perdida y sin una guía que me indicara donde ir. Gracias por escucharme cuando mi voz era la más debil entre todas. Gracias por luchar para ayudarme a sacar mi práctica cuando la profesora Quezada decidió darle mi práctica profesional a mi “mejor amiga” y nadie en el INFESUCO hizo o dijo nada para defenderme. Gracias por sacrificar su tiempo y mucho más para ayudar a dos estudiantes que de otro modo jamás podrían haber logrado sacar su título ya que el colegio que se los prometió se desentendió de ellas y de muchas otras estudiantes.

Quería contarle que a pesar de todos estos años aún lo tengo entre mis más preciados recuerdos. Mi afecto y mi agradecimiento por todo su apoyo no tienen medida, como tampoco lo tiene la admiración que siento por usted como educador. Si tan solo 1/16 de los profesores en el A-29 tuvieran la dedicación por sus estudiantes que usted ha demostrado, la historia de muchas egresadas sería distinta y yo dejaría de decir que “el Instituto Femenino Superior de Comercio quedó en una deuda eterna conmigo” y no guardaría el resentimiento que tengo hasta el día de hoy.

Ojalá que la vida le esté tratando bien y ojalá que algún día nos volvamos a ver.

Un abrazo bien grande a la distancia.

Una alumna que lo admira y lo respeta,

Iris